¡Salve, caro Suelo Natal, bienamada Ciudad de Guatemala, Salve!

Tú el júbilo, y origen y fuente de mi vida.

¡Cuánto recrea, Ciudad Augusta, evocar tus blasones;

tu temperado clima, tus fuentes, alamedas, tus templos y los lares!

Ya creo percibir tus frondosas montañas,

y el verdor de tus campiñas, de Primavera perenne regalo.

Ya se insinúan a mi fantasía sin cesar tus ríos por doquier borbotando

y sus vegas recubiertas por umbroso follaje.

Ornamentado con variado estilo evoco el interior de tus mansiones,

e Innúmeros vergeles matizados con rosas del Ida.

¿Y qué diré al mencionar tus brocados de lujo exquisito,

o tus vellones teñidos con múrice Tirio?

Seréis tales recuerdos de mi amor patrio perenne sustento,

y de la adversidad plácido alivio.

Mas, ah, - ¿me engaño? - Sí espejismos circuyen mi mente,

y mi afecto es burlado por vanos ensueños: 

La que a poco fue alcázar y de egregio reino

metrópoli admirable, solo es ya cúmulo de pétreos restos.

Ya no existen ni templos, ni palacios, ni sendero al viandante,

ni por dónde buscar en la montaña una cumbre segura.

Todo yace en la tierra amontonado por la ruina violenta,

cual si de Júpiter los fuegos alados la hubiesen herido.

¿Por qué me acongojan tales recuerdos si mansiones enhiestas 

surgen ya del sepulcro, y al zenit imponentes se yerguen los templos?

De agua rebosan ya las fuentes, de innúmeros viandantes las calles,

pues llega fecunda a los citadinos la paz añorada.

Y cual otra ave Fénix: de sus propias cenizas

renace la ciudad con más próspera vida.

¡Regocíjate, oh suelo natal redivivo, oh ínclita urbe del Reino!

y vive luengos años a seguro de nuevo exterminio.

Yo mismo, presto siempre a tus loores, llevaré hasta los astros

tu inmarcesible triunfo, pues renaces tras súbita muerte.

Entretanto, recibe el condolido plectro mío, solaz de mi amargura,

y en vez de galardón, seas tú misma el galardón que pido.

A la Ciudad de Guatemala 

José Mata Gavidia (1942)

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