SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DE

SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS

XLVIII JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ 

HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO 

BASÍLICA VATICANA

JUEVES 1 DE ENERO DE 2015 

 

Vuelven hoy a la mente las palabras con las que Isabel pronun-

ció su bendición sobre la Virgen Santa: «¡Bendita tú entre las mujeres, 
y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite 
la madre de mi Señor?» (Lc 1,42-43). 

Esta bendición está en continuidad con la bendición sacerdotal que 

Dios había sugerido a Moisés para que la transmitiese a Aarón y a 
todo el pueblo: «El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro 
sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te 
conceda la paz» (Nm 6,24-26). Con la celebración de la solemni-
dad de María, la Santa Madre de Dios, la Iglesia nos recuerda que 
María es la primera destinataria de esta bendición. Se cumple en 
ella, pues ninguna otra criatura ha visto brillar sobre ella el rostro 
de Dios como María, que dio un rostro humano al Verbo eterno, 
para que todos lo puedan contemplar. 

Además de contemplar el rostro de Dios, también podemos 

alabarlo y glorifi carlo como los pastores, que volvieron de Belén 
con un canto de acción de gracias después de ver al niño y a su jo-
ven madre (cf. Lc 2,16). Ambos estaban juntos, como lo estuvieron 
en el Calvario, porque Cristo y su Madre son inseparables: entre ellos 
hay una estrecha relación, como la hay entre cada niño y su madre. 
La carne de Cristo, que es el eje de la salvación (Tertuliano), se ha 
tejido en el vientre de María (cf. Sal 139,13). Esa inseparabilidad 
encuentra también su expresión en el hecho de que María, ele-
gida para ser la Madre del Redentor, ha compartido íntimamen-
te toda su misión, permaneciendo junto a su hijo hasta el fi nal, 
en el Calvario. 

1