miento de esta paternidad, se consolida la fraternidad entre
los hombres, es decir, ese hacerse «prójimo» que se preocupa
por el otro.
«¿Dónde está tu hermano?» (Gn 4,9)
2. Para comprender mejor esta vocación del hombre a la frater-
nidad, para conocer más adecuadamente los obstáculos que
se interponen en su realización y descubrir los caminos para
superarlos, es fundamental dejarse guiar por el conocimiento
del designio de Dios, que nos presenta luminosamente la Sa-
grada Escritura.
Según el relato de los orígenes, todos los hombres proceden
de unos padres comunes, de Adán y Eva, pareja creada por
Dios a su imagen y semejanza (cf. Gn 1,26), de los cuales na-
cen Caín y Abel. En la historia de la primera familia leemos
la génesis de la sociedad, la evolución de las relaciones entre
las personas y los pueblos.
Abel es pastor, Caín es labrador. Su identidad profunda y, a
la vez, su vocación, es ser hermanos, en la diversidad de su ac-
tividad y cultura, de su modo de relacionarse con Dios y con
la creación. Pero el asesinato de Abel por parte de Caín deja
constancia trágicamente del rechazo radical de la vocación
a ser hermanos. Su historia (cf. Gn 4,1-16) pone en eviden-
cia la dificultad de la tarea a la que están llamados todos los
hombres, vivir unidos, preocupándose los unos de los otros.
Caín, al no aceptar la predilección de Dios por Abel, que
le ofrecía lo mejor de su rebaño –«el Señor se fijó en Abel
y en su ofrenda, pero no se fijó en Caín ni en su ofrenda»
(Gn 4,4-5)–, mata a Abel por envidia. De esta manera, se
niega a reconocerlo como hermano, a relacionarse positiva-
mente con él, a vivir ante Dios asumiendo sus responsabilida-
des de cuidar y proteger al otro. A la pregunta «¿Dónde está
tu hermano?», con la que Dios interpela a Caín pidiéndole
cuentas por lo que ha hecho, él responde: «No lo sé; ¿acaso
SU SANTIDAD EL PAPA FRANCISCO
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