y hace sentir a cada misionero y evangelizador que nunca
está solo, que forma parte de un solo Cuerpo animado por el
Espíritu Santo.
4. En nuestra época, la movilidad generalizada y la facilidad de
comunicación a través de los nuevos medios de comunica-
ción han mezclado entre sí los pueblos, el conocimiento, las
experiencias. Por motivos de trabajo, familias enteras se tras-
ladan de un continente a otro; los intercambios profesionales
y culturales, así como el turismo y otros fenómenos análogos
empujan a un gran movimiento de personas. A veces es di-
fícil, incluso para las comunidades parroquiales, conocer de
forma segura y profunda a quienes están de paso o a quienes
viven de forma permanente en el territorio. Además, en áreas
cada vez más grandes de las regiones tradicionalmente cristia-
nas crece el número de los que son ajenos a la fe, indiferentes
a la dimensión religiosa o animados por otras creencias. Por
tanto, no es raro que algunos bautizados escojan estilos de
vida que les alejan de la fe, convirtiéndolos en necesitados
de una “nueva evangelización”. A esto se suma el hecho de
que a una gran parte de la humanidad todavía no le ha lle-
gado la buena noticia de Jesucristo. Y que vivimos en una
época de crisis que afecta a muchas áreas de la vida, no sólo
la economía, las finanzas, la seguridad alimentaria, el medio
ambiente, sino también la del sentido profundo de la vida
y los valores fundamentales que la animan. La convivencia
humana está marcada por tensiones y conflictos que causan
inseguridad y fatiga para encontrar el camino hacia una paz
estable. En esta situación tan compleja, donde el horizon-
te del presente y del futuro parece estar cubierto por nubes
amenazantes, se hace aún más urgente el llevar con valentía a
todas las realidades, el Evangelio de Cristo, que es anuncio de
esperanza, reconciliación, comunión; anuncio de la cercanía
de Dios, de su misericordia, de su salvación; anuncio de que
el poder del amor de Dios es capaz de vencer las tinieblas del
mal y conducir hacia el camino del bien. El hombre de nues-
MENSAJES DE SU SANTIDAD EL PAPA FRANCISCO
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