SEGUNDA PARTE: ÉTICA PRÁCTICA

 “Dad a un hombre, todas las cualidades del espíritu;  

dadle todas las del carácter, haced que lo haya visto todo,  

aprendido todo y recordado todo;  

que haya trabajado sin descanso durante treinta años de su vida;  

que a la vez sea literato, crítico y moralista;  

que tenga la experiencia de un anciano y 

 el empuje de un joven,  

con la infalible memoria de un niño;  

haced por fin, que todas las hadas hayan venido 

 sucesivamente a sentarse al lado de su cuna y 

 le hayan dotado de todas las facultades y quizás,  

con todo ello, lograréis formar un abogado completo”. 

Paillet.

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i. Ética en el eJercicio de la profesión 

del derecHo

En una ocasión, al terminar una clase con estudiantes del 

último semestre de la carrera de derecho, un joven alumno  
–brillante, por cierto– se acercó a su profesor de deontología 
jurídica y le solicitó unos minutos de su atención, pues quería 
consultarle algo crucial para su vida profesional, que estaría a unos 
pasos de iniciar. El chico le planteó: 

“Tengo una disyuntiva existencial, estoy a poco tiempo de 

graduarme e iniciar mi vida profesional. A lo largo de mi carrera he 
observado a varios de mis catedráticos y me he quedado fijo con el 
modelo profesional de dos de ellos: «A» y «B». El primero de ellos, 
es un abogado como muchos, mafioso, tramposo, aprovechado, 
antiético y demás agregados reñidos con la ética y la moral, 
pero gana muy bien. El segundo de ellos, por el contrario, es un 
abogado ético, como deberían serlo todos, el problema es que fíjese 
el automóvil tan viejo en el que anda, se nota que no gana como 
el primero, pero me encanta y me atrae mucho su modelo. ¿Qué 

31 Molierac, Jean, Iniciación a la abogacía, México, Porrúa, 1974, p. 29 y 30.

Patricia Jiménez cresPo

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