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Cambios en el campo religioso de Guatemala y Nicaragua: de 1985 a 2013

las sociedades, tanto de Guatemala como de Nicaragua, prevalecían el conflicto
y el lenguaje político-militar sobre el religioso. La praxis religiosa se definía
–más que hoy– por su posición frente a lo político. De esto hablan los conflictos
entre Teología de la Liberación y la curia en Nicaragua; en Guatemala, la
posición de las diferentes iglesias, incluida la Católica, frente al dictador
Ríos Montt, y en ambos países el programático apoliticismo de las grandes
iglesias pentecostales.  El conflicto marcaba las relaciones sociales y religiosas
profundamente. La polarización social y el conflicto armado constituían el
trasfondo social en el cual se formaba una demanda de sentido religioso
específica según las diferentes clases sociales y sus oportunidades de acción.
Veamos aquí solo a los actores pentecostales.

Lejos de ser un único pentecostalismo

2

, se distinguían claramente por lo

menos tres formaciones de habitus caracterizadas por las siguientes
convicciones emblemáticas: el rapto de la iglesia, la guerra espiritual y la
glosolalia.

La primera formación de habitus se encuentra mayoritariamente entre per-
sonas marginadas en el campo y en zonas urbanas pobres

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, en Guatemala,

muchas veces víctimas de la violencia militar. En su situación de violencia y
miseria, los creyentes se ven sin futuro (“¡no hay para dónde!”). A esto, sus
iglesias contraponen la promesa del arrebatamiento cercano de la iglesia hacia
los cielos. A partir de tal perspectiva, los creyentes se entienden como iglesia
en preparación del rapto. La causa de la crisis social reside desde su perspectiva
en la que el fin del mundo está cerca. Tal transformación simbólico-religiosa
de una crisis aguda cancela de manera definitiva –en lo simbólico– un proyecto
de transformación social como perspectiva futura. La única forma de actuar
es retirarse a la iglesia y esperar el rapto en solidaridad entre las hermanas y
hermanos. La identidad “somos Iglesia en preparación del rapto” –lejos de
ser enajenante– se transforma así en la base práctica (es decir, en estrategia)
para viabilizar la vida real en condiciones desafiantes a la vida misma y para

2.

Ver Schäfer (1992: 189 y ss.) como la primera publicación sobre el campo religioso

centroamericano que introduce estas distinciones, por cierto encontradas a través de un

análisis de habitus.

3.

Entre la clase media conservadora en los núcleos urbanos, se puede encontrar la doctrina

dispensacionalista. Como doctrina, esta es similar, pero es operador de una formación de

habitus muy diferente. Ver Schäfer (1992: 199 ss.).