La integración latinoamericana en la era de la

globalización

Paulina García Donoso de Larrea*

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Las tendencias y estructuras de una configuración

multipolar, basada en grandes espacios económicos,

aparecieron con claridad en la última década del

Siglo XX.   Con la desaparición del sustento

ideológico de la guerra fría, a raíz de la desintegración

del sistema soviético, terminó la bipolaridad que

fue el eje para el mantenimiento del orden mundial

durante la mayor parte del siglo pasado, y dio paso

a nuevas estructuras y procesos globales.  Se

consolidan nuevos centros y alianzas del poder

mundial, y se forman grandes espacios económicos

con peso propio y preponderancia en el manejo del

comercio internacional, como es el caso de la Unión

Europea, la zona de NAFTA integrada por los

Estados Unidos, Canadá

y México, así como Japón

con los países asiáticos,

los denominados Tigres

del Asia como Corea del

Sur, Singapur, Taiwán y

Hong Kong.

Se ha iniciado el nuevo

milenio y la humanidad se

desenvuelve en un único

escenario, caracterizado

no solamente por la

interdependencia sino,

además, por la globalidad.

En este ambiente planetario, todos los países están

envueltos en grandes procesos de integración de

mercados, de liberación de barreras comerciales, de

adaptación y restablecimiento de instituciones que

respondan a las nuevas fuerzas mundiales.

La internacionalización de la economía está

considerablemente respaldada por la revolución

tecnológica que ha influido sensiblemente en el

ritmo del cambio económico y social en todo el

mundo, así como en las estructuras globales de

poder. La tendencia sostenida a incorporar

tecnologías nuevas en todo nivel de actividad

nacional e internacional, con el continuo avance de

la ciencia que se concentra en especial en los grandes

centros industrializados del mundo, presiona a los

países en desarrollo a acelerar la modernización de

sus estructuras y modelos convencionales de

producción, con el aumento de su capacidad para

utilizar nuevas tecnologías y crear una fortaleza

nacional que genere conocimientos científicos y

técnicos propios, acordes con sus condiciones

socioculturales y ambientales.

El libre mercado y las nuevas

tecnologías privilegian la

competencia y la expansión

transnacional de la banca y

de las finanzas. Ningún

Estado puede quedar al

margen o permanecer aislado

de los grandes cambios

mundiales, y su inserción en

el quehacer internacional no

es una opción sino una

necesidad real. Desde hace

varias décadas anteriores a

las tendencias globalizadoras,

se impulsaron en América Latina procesos

integracionistas como medio para conseguir la

apertura de mercados más amplios en terceros países

y fortalecer la presencia regional en el escenario

mundial.

La visión eminentemente comercial que se impregnó

a los procesos  de integración en América Latina,

*Actualmente Embajadora del Ecuado en Guatemala

La visión eminentemente comercial que

se impregnó a los procesos  de

integración en América Latina, así como

las crisis políticas y económicas

recurrentes en varios países de la región

llevaron a recurrir de manera individual

a medidas de política de carácter

coyuntural, detuvieron la marcha de los

avances integracionistas