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Los fundamentos del pensamiento Marxista: ¿Vigentes u obsoletos?
por sí mismo. Marx confunde conceptos como
“valor y esfuerzo” de hecho pudo haberle dado un
giro a la frase “¿vale la pena?” por “la pena vale”.
Böhm-Bawerk en el Vol. I de Capital e interés en el
capítulo titulado Historia y crítica de las teorías del
interés analiza la confusión conceptual:
Que me he esclavizado para adquirir una cosa es
un factor: que la cosa valga el esfuerzo que he
realizado es un factor secundario y diferente. Y
ambos factores no siempre van juntos lo corro-
bora ampliamente la experiencia, […] Cada uno
de los innumerables e incontables esfuerzos que
se malgastan cada día con resultados nulos es
testigo de ello, sin tomar en cuenta que la causa
sea la ineptitud técnica, especulación falsa, o
simplemente mala suerte. No menos conveniente
es el hecho de que un esfuerzo mínimo a veces
es premiado con algo de gran valor.
Una descripción empírica similar realiza Hayek en
Los fundamentos de la libertad, capítulo VI dedicado
a la diferencia fundamental entre valor y mérito.
Aunque este asume que la teoría no se puede
testear, no es un secreto que los austriacos tam-
bién invocan el testeo empírico de las teorías que
ellos critican. En el presente caso, Böhm-Bawerk
demanda un testeo empírico y psicológico a las
proposiciones de Marx, quien las elude diciendo
que se trata de un “análisis profundo”. El positi-
vismo de Marx lo lleva a reducir su análisis a un
solo factor, la cantidad de trabajo, dado que estas
son entidades reales y externas. Marx, con esta
actitud, niega que la experiencia sea fuente de
conocimiento. Sin embargo, la conexión externa
positiva entre términos de intercambio y cantidades
de trabajo puede ser enteramente comprendida
mediante el descubrimiento de los enlaces psico-
lógicos que conectan a ambos y Marx se niega a
analizar dicha conexión.
En búsqueda de un “factor común” de la igualdad
en el intercambio: Aristóteles. En vez de probar
sus tesis a través de la experimentación o de la
motivación de los actores (empírica y psicológica)
Marx fundamenta su teoría en la autoridad de Aris-
tóteles, para quien «No puede existir cambio sin
igualdad, ni igualdad sin conmensurabilidad». Por
tanto, según Marx en las dos cosas intercambiadas
tiene que existir «un algo común y de la misma
magnitud». Se trata también de una antigua teoría
escolástica-teológica de la “equivalencia” en las
mercancías.
Marx busca el factor común, que es la característi-
ca del valor intercambiable, de la siguiente manera:
revisa las diversas características que tienen los
objetos equivalentes en el intercambio, y siguiendo
el método de exclusión, separa todas aquellas que
no pasan la prueba, hasta que al final queda una
sola característica, el producto del trabajo. Marx
ha “encontrado” el factor buscado mediante una
prueba exclusivamente negativa, procede como el
que quiere a toda costa sacar una pelota blanca de
un cajón y se empeña especialmente en ponerle
solo pelotas blancas. Sin embargo Böhm-Bawerk
evidencia esta inconsistencia lógica. En primer
lugar es falso que todos los bienes intercambiados
sean producto del trabajo. Por ejemplo, los recur-
sos naturales tienen valor y son intercambiados,
pero no son producto de ningún trabajo.
Es de dominio general saber que cualquier conclu-
sión obtenida a partir de una premisa falsa o de
un razonamiento falaz carece de valor científico.
Para investigar ese “factor común” característico
del valor de cambio, Marx repasa las diversas
cualidades que poseen los objetos equiparados
por medio del cambio. Eliminando y excluyendo
aquellas que no resisten la prueba, se queda sólo
con una que según él, sí pasa el examen: “ser
productos del trabajo”.
Certeramente objeta Knies a Marx: “Dentro de la
exposición de Marx no se ve absolutamente nin-
guna razón para que la igualdad expresada en la
fórmula: 1 libra de trigo = x quintales de madera
producidos en el bosque no sea sustituida con
igual derecho por esta otra: 1 libra de trigo = x
quintales de madera silvestre = y fardos de tierra
virgen = z fardos de pastos naturales”.
Marx sigue con circularidad al enfatizar que “si
los bienes que son intercambiados sólo tienen en
común la cualidad de ser productos del trabajo,
entonces el valor de cambio vendrá determinado por
la cantidad de trabajo incorporado en la mercancía”.